Friday, April 8, 2022

Está perdido el mundo?

 El mundo está perdido

A lo bueno lo llaman malo, y a lo malo bueno; y a cualquiera que se oponga a llamar malo a lo malo, lo condenan; y al que llama bueno a lo bueno, lo tachan de fanático, conspiranóico y violador de las leyes y la libertad.


El Aborto es un asesinato de inocentes, o un derecho reproductivo sanitario?


La familia con padre y madre es el núcleo de la sociedad, o una estructura opresiva y patriarcal que vulnera el desarrollo de los individuos?


La homosexualidad es una aberración y perversion, o es una nueva identidad de género que libera a los individuos?


La moral es objetiva fundada en los Diez Mandamientos de Dios, o la moral es subjetiva y fundada en la percepción de cada individuo y el consenso social?


Lo bueno es bueno y lo malo es malo, o no existe ni el mal ni el bien, pues todo es relativo y depende de cada situación?


Santo Tomás Aquino no era relativista, sino objetivista y decía que El Fin No Justifica los Medios, pero hoy en día le consideran obsoleto, pues para la Dictadura Relativista el Fin Sí Justifica los Medios.


Y tú, que opinas? Está perdido el mundo, o finalmente el mundo se ha liberado?


Me pregunto si el objetivo de todos estos cambios perceptuales tienen como objetivo erradicar a la población, que según las Naciones Unidas ha llegado a cifras insostenibles.


https://youtu.be/mPZGKxxEDh8






Monday, April 4, 2022

María Inmaculada nos revela a la Santísima Trinidad.

 María Inmaculada nos revela a la Santísima Trinidad.

María, hija, esposa y madre de Dios, hija, esposa y madre de la Santísima Trinidad. Maria tiene tres relaciones distintas con el mismo Dios, y así come Dios en un solo Dios en tres personas divinas, ella le conoce en esas tres dimensiones, como padre, esposo e hijo.

De esta misma forma la iglesia conoce a Dios como padre, pero también como esposo, quien engendra en nosotros la palabra de vida, que crece en nosotros cada día hasta convertirse en árbol robusto a la estatura del varón perfecto. Cierto es que nosotros no podemos conocer a Dios tanto como María, pero por medio ella podemos conocer a la Santísima Trinidad en la Eucaristía. La Eucaristía nos revela la verdadera naturaleza de Dios, como nos decía santo Tomás de Aquino, pobre, humilde y siervo, en el canto Panis Angelicus. Y así como es Dios, es también María, su perfecta compañera, escogida esposa y madre, hija del Altísimo.


María, corredentora, enséñanos a caminar con la Eucaristía, Verbo hecho Carne y Pan del Cielo. 


Amén 

Friday, February 11, 2022

El cristianismo no es una escuela de superación personal

 El cristianismo no es una escuela de superación personal

Todo aquel que quiera salvar su vida, la perderá. Aquel que pierda su vida por mi, la salvará.


Hace unos días, como de costumbre, fui a visitar al Señor en La Eucaristía. Cuando llegué al aposento me encontré con una anciana que interrogaba a una joven mujer despechugada por la causa que la había impulsado a estar en aquel recinto santo. Ciertamente me pareció que esta muchacha estaba fuera de lugar, pues su forma de vestir era un poco impúdica para estar delante del Señor, pero esto no me sorprendió en este siglo 21 tan desaliñado. Lo que me sorprendió fue la respuesta de la joven mientras ignorándolas me arrodillaba para adorar al santísimo. “Estoy aquí porque quiero superarme y hacerme más espiritual” respondía la joven mujer. Yo, sin hablar en voz alta le contesté en mis pensamientos, “Pues vaya chasco que te vas a llevar. En verdad no sabes que aquí venimos a salvar a otros y no a salvarnos nosotros mismos.”


Muchos que se aceraran a Jesús no saben que el Cristianismo no es un método de superación personal y encontrar la salvación, sino por el contrario, el Cristianismo es un camino donde nuestro objetivo común es perder nuestra vida ofreciendo todas nuestras oraciones, sufrimientos y trabajos para buscar la salvación de otros, siguiendo así los pasos de Jesús. El cristianismo no es una metodología narcisista que nos enseña a buscar la superación del “yo”, sino es un camino donde buscamos la salvación del prójimo, y por eso dijo Jesús que aquel que quiera salvar su vida la perderá; más no obstante, el que pierda su vida por él la salvará. ¿Y quién es él, y qué significa perder nuestra vida por él? Él es el prójimo, como nos enseña San Juan en su epístola universal. 


También San Pablo nos adiestra en nuestra misión como discípulos del Señor cuando nos dice, en la Carta a los Colosenses, capítulo uno, versículo 24, que aún le ‘falta sufrir en su carne lo que falta a los sufrimientos de Cristo para la salvación de la Iglesia’.


El cristianismo no es un culto de superación personal donde sus adeptos buscan la santidad en sí misma, para tratar de estar sentados lo más cercanos que puedan a cetro del Señor, pues eso es vanidad. El Cristianismo es la cruz donde olvidamos nuestra vida ofreciéndonos como sacrificio puro y santo para obtener la redención de nuestro prójimo. Y así, de esta forma llegamos a ser parte de la familia corredentora, junto con Santa María, corredentora, la cual nos enseña a rezar el Rosario y pedir por la salvación no solo de la Iglesia, sino de el mundo entero. 


En efecto, la salvación de la humanidad está en el corazón del seguidor de Cristo, y no la salvación personal, la cual recibimos cuando imitamos a Cristo en la cruz cuando perdemos nuestra vida, en nuestras enfermedades, sufrimientos, desdichas, dolores y angustias encontramos la corredención para nuestro próximo. Y fue por esto que él nos dijo que todo aquel que quiera salvar su vida, la perderá.


No vengas a Cristo para buscar tu salvación personal. Ven a Cristo a ofrecer tu vida, junto con Cristo en la Cruz, para encontrar la salvación que él ofrece al mundo entero. Si buscas una escuela de superación espiritual y material personal, el Cristianismo no es el camino. Y tú me dirás, como aquel joven rico, que te has superado cumpliendo todos los mandamientos de Dios, y él te dirá, que si quieres ser perfecto vendas todo lo que tienes y lo des a los pobres. ¿Y qué es lo que en verdad te está diciendo el Señor? El té dice que te olvides de ti mismo, que no busques salvar tu vida, que pierdas tu vida en la Cruz, por él, con él y en él, para salvar al mundo entero. 


Amén.

Monday, January 24, 2022

¿Quién es él?

 ¿Quién es él?

No es solo un personaje salido de un libro, es el resucitado.


Había oído hablar de él, pero no le conocía. A causa de mi madre decidí leer los libros que hablaban de él, los evangelios. Y había ciertas cosas que me llamaban mucho la atención, su forma de hablar, pues hablaba diferente a todos. Y sus seguidores también, pues no maldecían. Eso de Pedro, que maldijo para que no le reconocieran como uno de sus discípulos, me llamó muchísimo la atención y pensé que esa era la forma de hacerme uno de sus seguidores, no maldecir, pues dentro de mi había nacido un deseo de conocerle. Tenía ganas de conocer a aquel que hablaba tan diferente y cuyos discípulos se caracterizaban por no maldecir. Fue entonces cuando nació en mi ese deseo, el dejar de maldecir. Ya no quería usar palabrotas, cosa muy común entre nosotros, los jóvenes de la Ciudad de México. 


Un caminar sin maldecir fue todo un ejercicio, pues parecía como si hubiese dejado de ser yo, y hubiese perdido mi carácter, mis fuerzas. Delante de mis compañeros y amigos yo había perdido algo, un poder, ese poder que te da carácter al hablar, y que hace sentir una especie de autoridad entre aquellos que te rodean. Como consecuencia note que comenzaban a hacer burla de mi, y como no respondía en genero, maldeciéndoles de vuelta, me había hecho débil delante de ellos. No obstante me alegré, pues había conseguido ser como uno de sus discípulos, rechazado y odiado por su causa. Ya era débil delante del mundo, y era perseguido por el simple hecho de no maldecir. Ellos esperaban una respuesta en genero, pero yo aprendí una nueva forma de hablar, donde en lugar de maldecir, tendría que hablar de forma diferente, cosa que me costo mucho trabajo, pues era difícil comunicarse sin usar maldiciones, y además sufrir el rechazo de mis compañeros y amigos por querer ser diferente a quien era. Y más rechazo aún cuando hablaba de él, y sobre todo cuando decía: la sangre de Cristo me cubre, que es algo que solía decir mi madre. Todo esto sucedió cuando tenía unos 18 o 20 años, pero aún no conocía a aquel personaje del libro, al Jesús de los evangelios, a quien estaba buscando, a quien quería conocer. 


Muchas más cosas sucedieron, y parecía como si me hubiese vuelto loco, pues estaba obsesionado con Jesús, aquel personaje del libro, de los evangelios. Yo leía y leía la Biblia para conocerle. Los evangelios eran principalmente aquel libro que te dejaban conocer a ese personaje tan diferente, cuyas palabras eran como las de ningún otro, aquel a quien tenía tanta sed de conocer. Ya me había hecho una imagen de él, y recordaba muchas cosas que decía, pues sus palabras comenzaban a quedarse grabadas en mi memoria. No obstante, aún no le conocía. 


Finalmente un feliz día me habló directamente a mi y me dijo las mismas palabras que ya le había oído antes hablar, “no lleves dos pares de sandalias, ni dos pares de túnicas, ni bastón, ni cinturón.” En efecto, me había hablado dentro de mi alma. No puedo olvidar ese encuentro, cuando sus palabras resonaron en todo mi interior. Mi alma, como una catedral inmensa y vacía retumbó con el sonido de sus palabras, las cuales aún resuenan en mi memoria. Su voz tan fuerte, tan potente, que procedía de todas partes, se había dirigido a mi, indudablemente a mi. Al oír sus palabras quise obedecerlas y para ello tenía que entender lo que me estaba pidiendo, cosa que era difícil, pues cuando me las dijo estaba solo, en una carretera, caminando descalzo, con unos pantaloncillos y una camiseta, y una Biblia. No había nadie ni nada, solo una carretera vacía y un asfalto ardiente bajo mis pies, y sus palabras. No podía entender por qué me pedía lo que me pedía, pues no tenía ni sandalias, ni túnica, ni bastón, ni nada, más que una Biblia Reina Valera, que me había dado un buen hombre en el pueblo que había dejado atrás. Meditando mucho en sus palabras recordé el pasaje de Abraham, donde le pidió que entregase a su hijo, que era lo más valioso que tenía Abraham, y llegué a la conclusión que Dios quería que yo hiciese lo mismo. Jesús quería que confiase plena y totalmente en él, y para ello me pedía que dejase atrás la Biblia, tan precioso libro donde le había conocido, en la misma forma en que Abraham había entregado a su hijo. Entendí que él pedía de mi, mi entrega total y que pusiese toda mi confianza en él, y después de meditar eso hice, y dejé la Biblia en el camino. Fue en este momento, en 1981 cuando decidí confiar en él y mi vida cambió, pues ahora confiaba plenamente en él. Seguía siendo un pecador, pero ahora era un pecador que confiaba en Dios.


A partir de ese día tan memorable para mi, fue cuando comencé un nuevo andar con él, como aquel que está plenamente consciente que está delante de la presencia de Dios todo el tiempo. Al poco, recibí el Sacramento de la Confirmación, y ahora ya no estaba solo. Aquel personaje que había salido del libro estaba ahora presente en mi vida, día y noche, en todos mis caminos, e inclusive presente cuando pecaba. Él siempre estaba conmigo. No siempre me sonreía, y en veces muy serio y ofendido, pero siempre presente en todos mis caminos y haceres, en mis días y en mis tinieblas. No obstante, aún no le conocía. Confiaba en él, pero no le conocía aún.


Pasaron diez años de caminar y de pecar, de búsqueda estando perdido y apartado de la Iglesia, incursionando por diferentes caminos, y barrios, emigrando de un lugar a otro, e inclusive perdiendo totalmente la fe en Dios hasta convertirme en ateo. Ya no creía en aquel que me había llamado. Estaba solo, y más solo que nunca, pues aquel Jesús que hace diez años había encontrado, ya no existía, y todo había sido una gran mentira, un engaño. No obstante, una señal en el Cielo, una conjunción de estrellas, Venus, Marte y Jupiter en 1991, formando un triángulo perfecto en el Cielo, hicieron que recordase un sueño que había recibido de él, hacia tantos años. En el sueño yo decía a los planetas en conjunción unas palabras del evangelio, aquellas que Jesús dijo a los Judíos, cuando les dijo que no le verían hasta el día que dijesen: Bendito el que viene en Nombre del Señor. Y en efecto, como en aquel sueño, decidí pronunciar esas palabras ante aquel evento celeste, en espera que se cumpliese el sueño, pues en el sueño cuando decía estas palabras, dos aces de luz salían de los planetas dirigidos a mi. Y así fue, dirigí esas palabras a las estrellas en conjunción, y me fue revelado algo, tal cual Jesús había dicho a los Judíos, y vi a Dios, aquel Dios en quien ya había dejado de creer. Esos aces de luz, revelación que alumbró mi tenebrosa alma fueron estas palabras: el Verbo se hizo Carne y Pan.


Dije las palabras en voz alta dirigiéndome a las estrellas en 1991, tal cual en aquel sueño del pasado. Fue entonces cuando no solo volví a creer en Dios, siendo que era un ateo por convicción, sino además necesitaba ir a confesarme para poder recibirle a él en mi vida. Dios había vuelto de repente, en un instante, al pronunciar estas palabras había sido restaurada mi fe, y el ateísmo había colapsado. Ahora sólo quería ir a comulgar, a recibir la Eucaristía, pues el Verbo encarnado, Jesús, Dios omnipotente, era pan. Quería comerle y recibirle. Tenía tantas ganas de regresar a él. Finalmente había conocido a Dios y sabía quién era, y donde estaba. Y así fue, lo hice, y viajé a España, donde mi padre, y me confesé en la Parroquia de los 12 apóstoles y recibí a Dios en mi interior, después de tantos años de haberle buscado. Esto fue en 1991, en Madrid.


Muchos años han pasado, y finalmente, al cabo de 20 años he comenzado a rezar El Rosario cada día, el cual me está ayudando a vencer al pecado, el cual no se ha apartado de mi, y al cual estoy venciendo poco a poco. Voy a confesarme cada mes, a Misa cada semana, y rezando cada día. Finalmente él me ha dejado conocer a su madre, María, y es ella ahora madre y amiga que me guía para poder agradarle. Y ahora se que conocerle es amar al prójimo, y que cuando no amo al prójimo, no lo amo a él. Ahora le conozco, pero no le amo a perfección pues aún peco ofendiendo a mi prójimo, que es donde él habita. Conozco a Dios, pues le he visto, y le veo cada semana en la Eucaristía, humilde, Crucificado, hecho pan para darnos de comer la Vida Eterna y la Resurrección, que es él mismo.


Aún no he llegado a la meta, pero algún día llegaré. Y así como Dios es infinito, pienso que también me va a tardar una eternidad poder conocerle tal cual es, pues es muy grande. Pero quizás me equivoque, y así como me dejo conocerle en un instante, cuando se me reveló como Verbo encarnado hecho pan, así, de repente y en un instante se muestre, y se cumplan las palabras del discípulo amado, y cuando le veamos cara a cara, seremos semejantes a él, como Dios mismo, como hijos adoptivos de Dios, pues le veremos tal cual es.


Quiero verte, tengo insaciable sed de ti, Señor Jesús. Nos vemos en el confesionario y en la Eucaristía. 


Por nuestro Señor Jesucristo, a él sea todo el poder, la gloria y alabanza, por los siglos de los siglos. Amén. 



Addendum: carta a Daniel


La Verdad


En efecto, yo se la verdad. La Verdad es que La Palabra de Dios se hizo carne humana y se hace pan, para que le comamos. La verdad es que él es la Eucaristía, el Pan que desciende del Cielo en cada Misa donde el Sacrificio Perpetuo en la Cruz del Calvario se hace presente. O sea, Dios omnipotente se humilla y se hace Pan para que le comamos. Yo se también que al oír estas palabras muchos se escandalizan y se van, como dice en el Evangelio de Juan, capítulo 6, versículo 66, o sea, Juan 6:66. Yo se que los anticristos salen de entre nosotros, y podemos reconocerlos porque se apartan de nosotros, tal como dice San Juan en la primera Epístola Universal de San Juan y en Juan 6:66. Yo también se que solo la verdadera Iglesia de Cristo cree que Jesús Dios se transubstancia en Pan, o sea, Dios mismo se hace Pan, la Palabra de Dios no solo se hizo carne y habitó entre nosotros, sino además también se hace Pan, para que le recibamos. Yo se que las sectas cristianas, o sea, todos aquellos que se llaman así mismos cristianos, pero que no creen en Jesús hecho pan, no creen en Jesús. También se que el 70% de los católicos NO creen que Jesus, el Verbo de Dios, se hace pan en la Eucaristía. También se que la fe es un don de Dios y que muchos son los llamados, pero poco los escogidos. Se también que nadie viene a Jesus a menos que el Padre quiera. Yo se que aquellos que creemos que La Palabra de Dios se hizo hombre y pan somos benditos de Dios, escogidos por él. Se qué hay muchos que no creen, ni pueden creer, y eso me da mucha tristeza, y oro y pido a Dios tenga misericordia de ellos para que crean y reciban la salvación, pues los que comen su carne y beben su sangre tienen la vida eterna, no en promesa, sino de hecho.

Daniel, yo ruego a Dios te conceda el regalo que inmerecidamente el me ha otorgado. Yo no soy digno de recibir el Verbo de Dios hecho pan, no obstante él se me ha dado en su totalidad en la Eucaristía. Es precisamente esta la razón por la que me arrepentí y regrese a la Iglesia Católica, pues es el único lugar donde él se hace presente y se cumple la profecía, Emmanuel, Dios con nosotros, el Señor en medio de nosotros, dentro de nuestro vientre, le recibimos como si fuésemos el sepulcro donde fue puesto su cuerpo después de morir en la Cruz, somos también aquel sepulcro donde el resucita, dentro de nosotros y de esa forma nos colma con su Vida Eterna. Para mi eso es ir a comulgar, e ir a Misa. Ir a Misa es entrar en el Santo de los Santos y estar presente delante de la Shekinah de Dios, y no solo delante de él, sino como los Sumos Sacerdotes comer y beber la Sangre del Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.


Cómo me gustaría que todos pudiesen ver a Dios como yo le veo en ese pedazo de Pan. Pero lo mismo sucedió hace 2000 años, cuando estaba Jesús caminando entre el mundo, y no lo reconocían, ni sabían quién era en verdad.


Hay un canto que dice: por la calzada de Emmaús, un peregrino iba conmigo, no le conocí al caminar, ahora sí, en la fracción del Pan.


En fin, mis mejores deseos para ti y tu familia, por la que oré en su día y Dios obró un milagro inmenso quitando la maldición del Edén. Recuerdas? 


Lo mismo deseo para ti y tu familia, que Dios te colme con su salvación.


Amén





Thursday, January 20, 2022

Quiero verte

 ¿Quién es él?

No es solo un personaje salido de un libro, es el resucitado.


Había oído hablar de él, pero no le conocía. A causa de mi madre decidí leer los libros que hablaban de él, los evangelios. Y había ciertas cosas que me llamaban mucho la atención, su forma de hablar, pues hablaba diferente a todos. Y sus seguidores también, pues no maldecían. Eso de Pedro, que maldijo para que no le reconocieran como uno de sus discípulos, me llamó muchísimo la atención y pensé que esa era la forma de hacerme uno de sus seguidores, no maldecir, pues dentro de mi había nacido un deseo de conocerle. Tenía ganas de conocer a aquel que hablaba tan diferente y cuyos discípulos se caracterizaban por no maldecir. Fue entonces cuando nació en mi ese deseo, el dejar de maldecir. Ya no quería usar palabrotas, cosa muy común entre nosotros, los jóvenes de la Ciudad de México. 


Un caminar sin maldecir fue todo un ejercicio, pues parecía como si hubiese dejado de ser yo, y hubiese perdido mi carácter, mis fuerzas. Delante de mis compañeros y amigos yo había perdido algo, un poder, ese poder que te da carácter al hablar, y que hace sentir una especie de autoridad entre aquellos que te rodean. Como consecuencia note que comenzaban a hacer burla de mi, y como no respondía en genero, maldeciéndoles de vuelta, me había hecho débil delante de ellos. No obstante me alegré, pues había conseguido ser como uno de sus discípulos, rechazado y odiado por su causa. Ya era débil delante del mundo, y era perseguido por el simple hecho de no maldecir. Ellos esperaban una respuesta en genero, pero yo aprendí una nueva forma de hablar, donde en lugar de maldecir, tendría que hablar de forma diferente, cosa que me costo mucho trabajo, pues era difícil comunicarse sin usar maldiciones, y además sufrir el rechazo de mis compañeros y amigos por querer ser diferente a quien era. Y más rechazo aún cuando hablaba de él, y sobre todo cuando decía: la sangre de Cristo me cubre, que es algo que solía decir mi madre. Todo esto sucedió cuando tenía unos 18 o 20 años, pero aún no conocía a aquel personaje del libro, al Jesús de los evangelios, a quien estaba buscando, a quien quería conocer. 


Muchas más cosas sucedieron, y parecía como si me hubiese vuelto loco, pues estaba obsesionado con Jesús, aquel personaje del libro, de los evangelios. Yo leía y leía la Biblia para conocerle. Los evangelios eran principalmente aquel libro que te dejaban conocer a ese personaje tan diferente, cuyas palabras eran como las de ningún otro, aquel a quien tenía tanta sed de conocer. Ya me había hecho una imagen de él, y recordaba muchas cosas que decía, pues sus palabras comenzaban a quedarse grabadas en mi memoria. No obstante, aún no le conocía. 


Finalmente un feliz día me habló directamente a mi y me dijo las mismas palabras que ya le había oído antes hablar, “no lleves dos pares de sandalias, ni dos pares de túnicas, ni bastón, ni cinturón.” En efecto, me había hablado dentro de mi alma. No puedo olvidar ese encuentro, cuando sus palabras resonaron en todo mi interior. Mi alma, como una catedral inmensa y vacía retumbó con el sonido de sus palabras, las cuales aún resuenan en mi memoria. Su voz tan fuerte, tan potente, que procedía de todas partes, se había dirigido a mi, indudablemente a mi. Al oír sus palabras quise obedecerlas y para ello tenía que entender lo que me estaba pidiendo, cosa que era difícil, pues cuando me las dijo estaba solo, en una carretera, caminando descalzo, con unos pantaloncillos y una camiseta, y una Biblia. No había nadie ni nada, solo una carretera vacía y un asfalto ardiente bajo mis pies, y sus palabras. No podía entender por qué me pedía lo que me pedía, pues no tenía ni sandalias, ni túnica, ni bastón, ni nada, más que una Biblia Reina Valera, que me había dado un buen hombre en el pueblo que había dejado atrás. Meditando mucho en sus palabras recordé el pasaje de Abraham, donde le pidió que entregase a su hijo, que era lo más valioso que tenía Abraham, y llegué a la conclusión que Dios quería que yo hiciese lo mismo. Jesús quería que confiase plena y totalmente en él, y para ello me pedía que dejase atrás la Biblia, tan precioso libro donde le había conocido, en la misma forma en que Abraham había entregado a su hijo. Entendí que él pedía de mi, mi entrega total y que pusiese toda mi confianza en él, y después de meditar eso hice, y dejé la Biblia en el camino. Fue en este momento, en 1981 cuando decidí confiar en él y mi vida cambió, pues ahora confiaba plenamente en él. Seguía siendo un pecador, pero ahora era un pecador que confiaba en Dios.


A partir de ese día tan memorable para mi, fue cuando comencé un nuevo andar con él, como aquel que está plenamente consciente que está delante de la presencia de Dios todo el tiempo. Al poco, recibí el Sacramento de la Confirmación, y ahora ya no estaba solo. Aquel personaje que había salido del libro estaba ahora presente en mi vida, día y noche, en todos mis caminos, e inclusive presente cuando pecaba. Él siempre estaba conmigo. No siempre me sonreía, y en veces muy serio y ofendido, pero siempre presente en todos mis caminos y haceres, en mis días y en mis tinieblas. No obstante, aún no le conocía. Confiaba en él, pero no le conocía aún.


Pasaron diez años de caminar y de pecar, de búsqueda estando perdido y apartado de la Iglesia, incursionando por diferentes caminos, y barrios, emigrando de un lugar a otro, e inclusive perdiendo totalmente la fe en Dios hasta convertirme en ateo. Ya no creía en aquel que me había llamado. Estaba solo, y más solo que nunca, pues aquel Jesús que hace diez años había encontrado, ya no existía, y todo había sido una gran mentira, un engaño. No obstante, una señal en el Cielo, una conjunción de estrellas, Venus, Marte y Jupiter en 1991, formando un triángulo perfecto en el Cielo, hicieron que recordase un sueño que había recibido de él, hacia tantos años. En el sueño yo decía a los planetas en conjunción unas palabras del evangelio, aquellas que Jesús dijo a los Judíos, cuando les dijo que no le verían hasta el día que dijesen: Bendito el que viene en Nombre del Señor. Y en efecto, como en aquel sueño, decidí pronunciar esas palabras ante aquel evento celeste, en espera que se cumpliese el sueño, pues en el sueño cuando decía estas palabras, dos aces de luz salían de los planetas dirigidos a mi. Y así fue, dirigí esas palabras a las estrellas en conjunción, y me fue revelado algo, tal cual Jesús había dicho a los Judíos, y vi a Dios, aquel Dios en quien ya había dejado de creer. Esos aces de luz, revelación que alumbró mi tenebrosa alma fueron estas palabras: el Verbo se hizo Carne y Pan.


Dije las palabras en voz alta dirigiéndome a las estrellas en 1991, tal cual en aquel sueño del pasado. Fue entonces cuando no solo volví a creer en Dios, siendo que era un ateo por convicción, sino además necesitaba ir a confesarme para poder recibirle a él en mi vida. Dios había vuelto de repente, en un instante, al pronunciar estas palabras había sido restaurada mi fe, y el ateísmo había colapsado. Ahora sólo quería ir a comulgar, a recibir la Eucaristía, pues el Verbo encarnado, Jesús, Dios omnipotente, era pan. Quería comerle y recibirle. Tenía tantas ganas de regresar a él. Finalmente había conocido a Dios y sabía quién era, y donde estaba. Y así fue, lo hice, y viajé a España, donde mi padre, y me confesé en la Parroquia de los 12 apóstoles y recibí a Dios en mi interior, después de tantos años de haberle buscado. Esto fue en 1991, en Madrid.


Muchos años han pasado, y finalmente, al cabo de 20 años he comenzado a rezar El Rosario cada día, el cual me está ayudando a vencer al pecado, el cual no se ha apartado de mi, y al cual estoy venciendo poco a poco. Voy a confesarme cada mes, a Misa cada semana, y rezando cada día. Finalmente él me ha dejado conocer a su madre, María, y es ella ahora madre y amiga que me guía para poder agradarle. Y ahora se que conocerle es amar al prójimo, y que cuando no amo al prójimo, no lo amo a él. Ahora le conozco, pero no le amo a perfección pues aún peco ofendiendo a mi prójimo, que es donde él habita. Conozco a Dios, pues le he visto, y le veo cada semana en la Eucaristía, humilde, Crucificado, hecho pan para darnos de comer la Vida Eterna y la Resurrección, que es él mismo.


Aún no he llegado a la meta, pero algún día llegaré. Y así como Dios es infinito, pienso que también me va a tardar una eternidad poder conocerle tal cual es, pues es muy grande. Pero quizás me equivoque, y así como me dejo conocerle en un instante, cuando se me reveló como Verbo encarnado hecho pan, así, de repente y en un instante se muestre, y se cumplan las palabras del discípulo amado, y cuando le veamos cara a cara, seremos semejantes a él, como Dios mismo, como hijos adoptivos de Dios, pues le veremos tal cual es.


Quiero verte, tengo insaciable sed de ti, Señor Jesús. Nos vemos en el confesionario y en la Eucaristía. 


Por nuestro Señor Jesucristo, a él sea todo el poder, la gloria y alabanza, por los siglos de los siglos. Amén. 





Sunday, December 26, 2021

¿Cómo piensa Santo Tomás de Aquino?

 ¿Qué debo leer para entender el pensamiento de Santo Tomas de Aquino?


Catecismo: 1749-1761


En mi entender, la crisis que comenzó en el siglo 20 está causada por no entender que El Fin no justifica los Medios, o como se dice en latín: Finis Media Non Iustificat.


Para entender el pensamiento de santo Tomás solo basta con entender la moralidad de los actos humanos, que es dónde está la crisis actual. Hoy en día la gente piensa que las intenciones y las circunstancias justifican la moralidad de los actos humanos, y ese es el problema. El problema es que la gente no cree en los Diez Mandamientos, pues todo es relativo a las circunstancias e intenciones. No obstante, cuando uno lee a Santo Tomas en doce numérales del Catecismo, del 1749 al 1761, uno puede entender con claridad que ni las intenciones, ni las circunstancias, pueden justificar y hacer bueno un objeto que es intrínsecamente malo. Y ahí está la clave para entender el pensamiento de Santo Tomas.


En fin, este pensamiento lo expongo pues preguntaron cuál era la primera cosa que deberíamos leer para entender a Santo Tomás de Aquino. Espero les sea de provecho.


Nota: yo he descubierto que no existe una sola persona que entienda Finis Media Non Iustificat cuando he hablado de este tema. A raíz de este problema comencé a pedir a Santo Tomas que enseñe el significado, para que el Espíritu Santo ilumine las conciencias del orbe. De lo contrario, cuando estemos delante del Señor el día del Juicio, y tratemos de justificar nuestras acciones en las intenciones y circunstancias, sin pedir perdón, vamos a ir al infierno seguramente. O sea, es urgente despertar.


¿Por qué es importante pedir perdón a Dios en lugar de auto justificarse en las intenciones y circunstancias?


Cuando estemos delante del tribunal supremo, delante de las leyes divinas, es importante que en lugar de buscar la justificación de nuestros pecados en base a nuestras intenciones y circunstancias, busquemos la justificación de Dios en base a la Cruz. La Cruz de Cristo quiere decir que él ofrece la justificación por medio de pagar nuestras culpas con la sangre que él ha derramado pagando por nuestras culpas. Ese es precisamente el significado del sacrificio que él ofrece. Él no nos justifica en base a nuestras intenciones ni a la circunstancias, sino en base a nuestra culpabilidad, la cual él paga ofreciéndose como víctima pagando por nuestras culpas. De lo contrario, si nosotros ponemos a las circunstancias e intensiones como una justificación, substituimos su sacrificio por nuestras intenciones y circunstancias. 


Si nosotros elevamos a las intenciones y circunstancias por encima de su sacrificio, estaríamos justificándonos a nosotros mismos despreciando el hecho de que él paga por nuestras culpas y pecados. Dios quiere que nos reconozcamos pecadores para que él nos pueda perdonar castigando a su Hijo por nuestros pecados. Dios no quiere que nos auto justifiquemos en nuestras intenciones y circunstancias. El quiere que nos declaremos culpables, pues de lo contrario, si no nos declaramos culpables delante de él, entonces no puede utilizar el remedio que él ha propuesto. El remedio que él propone es que su Hijo Único, el Cordero de Dios, pague con su sangre por nuestros pecados.


Yo se que esto es difícil de entender, pues esto implica que es mejor declararse culpable, que declararse inocente basado en nuestras intenciones y circunstancias. Es difícil de entender pues pues implica que tendríamos que permitir a Dios que él sea nuestro Juez, y por consecuencia implica que nos humillemos bajándonos del “trono” de la auto justification. Es difícil de entender pues hoy en día el mundo sugiere al hombre convertirse en Dios y Juez supremo, en lugar de dejar ese Trono a Dios, a quien en verdad pertenece. Es difícil de entender pues implica humillarse ante la misericordia divina y aceptar el sacrificio de su único hijo, el cual paga por nuestros pecados; lo cual demanda por nuestra parte un sacrificio de humillación reconociendo que solo él es Dios y Juez Misericordioso. Implica esto que nos bajemos del Trono y que le demos a él su lugar en nuestra vida. En efecto, la auto justificación en base a nuestras intenciones y circunstancias equivale a quitarle a Dios su lugar negándole el sacrificio que él ofrece para perdonar nuestros pecados. 


En efecto, aquellos que buscan justificar sus pecados en base a sus intenciones y circunstancias niegan la Cruz redentora de Cristo, y niegan su sangre expiatoria. Y ese es el problema que tenemos, un poder engañoso que incita al ser humano a ponerse como juez en lugar de Dios. Y por esta razón es que nadie entiende el significado de las palabras de Santo Tomas cuando dice que el Fin no justifica los Medios, como nos explica en los numérales del 1749 al 1761 del Catecismo. Ese poder engañoso es cuando el hijo de perdición se sienta en el trono de Dios y se proclama a sí mismo como Dios.


Yo se que esto es muy difícil de entender, pues la humanidad entera a sido pervertida por el maligno, así como fue pervertida Eva en el Paraíso. No obstante, es importante que en lugar de justificarnos en las intenciones y circunstancias, como hizo Eva y Adán, nos declaremos culpables y dejemos que el Sacrificio de Cristo en la Cruz nos libre de nuestra culpa. Para esto tenemos que reconocernos pecadores, pedir perdón a Dios, y aceptar su misericordia, la cual ha hecho tangible en el Sacrificio de Dios en la Cruz.


Espíritu Santo, ilumina al mundo entero para que pidan perdón a Dios y no cometan el error de Adán y Eva, los cuales no pidieron perdón, sino por el contrario, abogaron su causa en intenciones y circunstancias. Te ruego que nos permitas acercarnos confiadamente al Trono de Su Gracia para alcanzar misericordia, la misericordia de la Cruz de Cristo. Amén.


Atentamente,


Juan Eduardo Alvear Fuentes




https://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p3s1c1a4_sp.html

Wednesday, December 8, 2021

The Power of The Hail Mary to dispel evil is astounding

The Power of The Hail Mary to dispel evil is astounding.

Hail Mary, full of Grace. The Lord is with you. Blessed amongst all women. Blessed the fruit of your womb, Jesus. Holy Mary, Mother of God, pray for us sinners now, and in the hour of our death. Amen.